Dios tenía un ponpón en la cabeza.

Dios tenía un ponpón en la cabeza.

Nocilla Dream, o como aprendí a ser crítica.

Filed Under () by Viola Rose on domingo 24 de enero de 2010

¿Conocen ese libro de Agustín Fernandez Mallo, "Nocilla Dream"? Seguramente no, por que a pesar de ser el autor español y exponer en su libro una interesante forma de hacer literatura (que sin embargo se reduce a un solo ejemplo, pues seguir su patrón quedaría haría de obras futuras simples copias del original sin valor imaginativo ninguno)no lo conoce ni su padre. Quizá en su comunidad natal sí sea más conocido.

El caso es que con "Nocilla Dream" se nos presenta una idea (entre otras muchas, tantas como personajes quizá)desde hace tiempo creo estar empezando a experimentar.

Es ese día que te levantas, lees a quien fué tu maestro entre maestros (en el caso de "Nocilla Dream", Jose Luis Borges)y descubres que, ya no te llena. Las palabras sn vacías, los argumentos repetitivos, aún cuando sabes que la expresion guarda toda clase de brillantes matices y simbolismos, te das cuenta horrorizado de que, no es diferente a cualquier otra obra elegida al azar entre cuanlquier escritor mediocre.

En mi caso no se puede decir que tenga a ningún maestro entre maestros (todos son magníficos, a su manera)ni que me levantara de golpe y descubriera que todo se ha acabado. No es exactamente eso, es muchísimo más liviano, casi inexistente y ambiguo.

Es el recuerdo de que, en algún momento, todo aprendiz necesita desligarse de su maestro y quizás destruirlo.

No es una entrada para desearos una felicidad ambigua.

Filed Under () by Viola Rose on sábado 2 de enero de 2010

Cuando llegan las Navidades, no me gusta tener que decir cosas como "Feliz Navidad" o "Feliz año 1878" ni nada de eso. Se me antojan cursis bagatelas, como quien dice xD

En mi opinión, un fin de año es un fin de año. Se acaba un ciclo, empieza otro. Un pretexto para hacer cosas que normalmente no haríamos, ropa que nunca nos ponemos y comida que no comemos a diario por que nadie aguantaría semejantes experimentos culinarios todas las semanas.

Con experimentos culinarios quiero decir carne extrañamente estofada incomible o en una especie de guarnición/salsa de verduras. No sé ustedes, pero mi cena de Navidad consiste en queso, pan y picos. En Nochevieja tengo más suerte y además como canapés. El menú de un día normal y corriente sería para mi más honroso, aprovechado y sastisfecho que esas cenas de Navidad donde me como un bocata de queso y sanseacabó, por que nada me satisface.

Pero bueno, aparte del desgaste del menú, es divertido. Sólo divertido. No necesitas estar en fin de año para proponerte hacer cosas, incluyendo ser un poco más feliz y hacer de un día algo especial.

El Bobo Bob. Mientras tanto, un camino de baldosas.

Filed Under () by Viola Rose on sábado 14 de noviembre de 2009

Derecha rojo, izquier

da blanco. Derecha rojo, izquierda blanco. Derecha rojo, izquierda…


-¿Qué estás haciendo?- con curiosidad y extrañeza, hizo que Harley perdiera el ritmo durante un par de milésimas de segundo.


Unas milésimas no eran mucho, pero bastaban para romper el equilibrio. Aún así, solo Harley lo notó, e ignorando esta pequeña catástrofe en el orden universal reanudó su tarea y respondió sin levantar la cabeza, divertida.


-Ando según los colores de las baldosas.


-¿Las baldosas? ¡Qué graciosa eres! – y se rió.


Harley siguió ignorándole, con una media sonrisa en los labios. Una sonrisa intocable, pero nerviosa.


-Oye, y ¿te diviertes?


-Eso no importa.


-¿Cómo? ¿Por qué?


-Por que no importa.


Si se hubiera tratado de otra persona, alguien como Ren, no hubiera tenido ningún reparo en prolongar la conversación. Con Ren todo era un poco más fácil, por que aunque no siempre lograba comprenderla a la primera, conservaba parte de esa esencia mágica, lo suficiente como para entender muchas cosas sin necesidad de preguntar. La respuesta a por qué Harley andaba siguiendo una serie basada en los colores de las baldosas era obvia. No existía tal razón. Ya que para Harley, no todo atendía a razones y más cuando se trataba del comportamiento humano.


Pero Bob no era Ren. Para Harley, Bob estaba clasificado entre una de esas personas que hablaban con ella como si un perro le hablara a un caballo tratándolo como a una mascota. Compartiendo ambos el mismo dueño, claro. Tenía pretensiones de hombre maduro, creativo y soñador, pero en realidad solo era uno de tantos hombres que se creían capaces de comprender muchas cosas, aunque en el fondo no tenían ni idea de nada. Un intento de algo, como la mayoría. Solo que éste intento en concreto, era inusitadamente pesado, y se tomaba unas confianzas que Harley encontraba ofensivas. Aunque seguramente éstas confianzas le habían valido en muchos casos el título de persona maravillosa, amable y comprensiva, para Harley siempre sería el Bobo Bob.


No importa lo mucho que intentara explicarle cosas para ella básicas, nunca lo entendería. Se limitaría a soltar un convencido “Ah, vale” o “Ah, ya veo” y se olvidaría del tema al poco tiempo, por que al contrario de lo que quería pensar, su mente ya habría tachado la información como inútil y la habría desechado al Vertedero de los Pensamientos Olvidados. Y eso era palpable en sus expresiones y su forma de hablar, estúpidas y pueriles como sacadas de un guión forzado de La Casa de la Pradera. En conclusión, a Harley le daba grima Bob Chansey, el Bobo Bob. Y por eso, intentaba ignorarlo lo más posible o evitar sus charlas inútiles, faltas de carácter.


-Ah, vale.


Y aquí, Harley se cansó de contar baldosas.


-Bueno, tengo que irme.


-¿Ah, si? ¿A dónde?


-A visitar a mi abuela, que está un poco pachucha –Mentira.


-Ah, pues muy bien, adiós. Y dile a tu abuela que se mejore de mi parte. Y tu, cuídate.


-Lo haré, gracias-Mentira doble.


Harley giró casi bruscamente al llegar a la esquina, pensando en alejarse lo más pronto posible del aura negativa del Bobo Bob.